La vez que el abuelo cruzó el estrecho con un loro escondido en la chaqueta
Era 1962 y mi abuelo Eduardo se mudaba a Miami con todo lo que cabía en una maleta. Pero había un detalle: Periquito, el loro de la familia, llevaba veinte años en la cocina de La Habana repitiendo malas palabras en cuatro idiomas.
No podía dejarlo. Entonces hizo lo que cualquier abuelo razonable haría: lo metió en el bolsillo interior de la chaqueta, le dio media galleta con coñac para que durmiera, y rezó.
Periquito durmió hasta que el avión empezó a aterrizar en Miami, momento exacto en el que decidió declamar todas las groserías de su repertorio justo cuando pasaba la azafata. Mi abuelo dijo: "Es el sistema de aviso interno del avión, señorita". La señorita no se rió.
Periquito vivió otros catorce años en Miami. Aprendió a decir "thank you" pero nunca dejó las groserías cubanas.
Comentarios (3)
¡Periquito! Lo recuerdo gritándole a mi madre cuando teníamos 8 años.
Yo siempre creí que esta historia era inventada. Necesito ver pruebas.
@Mateo hay una foto de 1973 con él en el hombro del abuelo. La subo esta tarde.