Cómo se conocieron mis padres en una huelga de tranvías
Madrid, marzo de 1963. Una huelga del tranvía paralizó la ciudad un martes lluvioso. Mi madre, Carmen Vega, iba andando hasta su trabajo en una imprenta en Lavapiés. Le faltaban tres calles cuando empezó a llover en serio.
Mi padre, Eduardo Solano, tenía un paraguas. Y, sobre todo, tenía la idea — que aún hoy nadie sabe de dónde sacó — de pararse delante de cada mujer que veía y ofrecérselo. Lo había hecho ya con seis sin éxito.
Mi madre fue la séptima. Le dijo que no, gracias, que no aceptaba paraguas de desconocidos. Mi padre, en lugar de irse, la siguió tres calles bajo la lluvia, paraguas en alto sobre los dos, en silencio, hasta la puerta de la imprenta.
Cuando llegaron, ella estaba seca. Él estaba empapado. Le dijo: "Bueno, ya está, gracias por aceptar." Y se fue.
Volvió al día siguiente. Y al siguiente. Y al siguiente.
Comentarios (1)
Mi madre siempre decía 'el paraguas no era el truco, era la insistencia'.